Hechos 18:5, 6,9-115Ycuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo. 6Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles.
9Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles;
10porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad. 11Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios.
- Hay momentos en el cumplimiento de la misión que se experimenta la sensación de soledad, frustración y abandono, no sólo de parte de otros semejantes a nosotros sino que también pareciera que en la obra de Dios; él no parece estar presente y es como que si nos envía a cumplir mandatos u órdenes en las que no está participando.
Veamos para nuestra reflexión y edificación estos momentos del pueblo de Dios y muy particularmente de aquellos(as) que son enviados a la misión.
* Ante la opresión del enemigo - “22Entonces Moisés se volvió a Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? 23Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo; y tú no has librado a tu pueblo.” (Ex.5:22,23)
* Ante la amenaza “inminente” de la muerte- “Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?” (Ex. 14:11).
* Ante lo “indestructible y poderoso” que puede verse el enemigo para ser conquistada la heredad prometida por Dios - “Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. 2Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos! 3Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños
sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?
Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto.” (Núm 14.1-4).
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